sábado, 17 de mayo de 2014

Cambio de planes


- Dominix en escáner.

Aquella voz me sacó de mi trance. Había estado con los ojos cerrados y sólo pendiente de las comunicaciones, que eran un hervidero de órdenes, preguntas e informaciones. “Servicio de Inteligencia” o “Intel” como lo llamábamos nosotros, una maldita pesadilla, si no fuese por los implantes de subproceso cibernético ya me habría vuelto loco.

Mi Drake, un bonito crucero de batalla al que había llamado cariñosamente “Bruja Zorrona” estaba alineado hacia la puerta estelar de Rahadalon que conectaba con Mendori. A apenas 10 kilómetros de ella tenía una visual perfecta de aquel enorme aparato, junto a las naves de mis compañeros de flota. Eramos 6 cruceros de batalla y 2 cruceros estratégicos custodiando aquella puerta, junto a unos pocos restos calcinados de algún pobre que se había atrevido a acercarse a “echar un vistazo” o simplemente pasaba por allí.

- Repite Clon - Le pedí mientras hacía la rutina de comprobación de mi propio escáner

- Dominix en escáner - volvió a decir.

- !No me jodas, Clon! - Se quejó la voz de Revy - ¡No voy a entrar con mi Machariel en Rahadalon con una Dominix en escáner!

- Espera - Recomprobé - Rahadalon está limpio ¿Dónde estás, Clon?

- En Soosat - Ahí empezaron las quejas de Krilock, Fitxa y Quefeo inundando el comunicador

Estábamos en mitad de una operación de relocalización de naves y sólo quedaba la de Revy. Por lo menos dos docenas de acorazados habían atravesado la puerta estelar para aterrizar en la estación de aquél sistema, todos al futuro servicio de Walltreipers. Iba a ser nuestra última maniobra como miembros de la Academia Lynx. Artorius, nuestro mentor y oficial, puso orden.

- Check - Dijo él, y se hizo el silencio - Continuad con la operación, que ya solo queda una nave. Clon, sigue a esa Dominix, me extraña que ande solo de paso por este sector. ¿Te ha visto?

- No señor, estoy camuflado - Respondió Clon alegremente.

- Bien, pues ya sabes que hacer.

Se volvió a hacer el silencio en nuestras comunicaciones de flota y yo volví a la Intel. Eran principalmente avisos de naves cargueras y avisos de flotas de combate. Me hizo gracia cuando escuché a algún pobre diablo quejarse de que le habían destruido la nave en la puerta de Rahadalon-Mendori, “Oups” pensé sonriendo. Pero aparte de eso no había ninguna señal de que viniesen a molestarnos, en el sector se nos temía y con razón, era una pena que nos mudásemos de allí, pero Walt operaba en otra zona.

Los minutos pasaron perezosamente hasta que Revy dió la señal y vimos la puerta iluminarse como un árbol de navidad. El enorme acorazado clase Machariel, una nave pirata atestada de cañones de artillería de proa a popa, apareció junto a nosotros.

Nuestro trabajo era básicamente de escolta. Mendori era un sector de alta seguridad, pero Rahadalon eran “los barrios bajos” y cualquiera podía ser atacado. Por esa razón habíamos cerrado el sistema y estábamos de vigilancia. Las naves que transportabamos eran de gran valor y no queríamos perderlas.

- ¿Estación? - Quiso saber Revy

- Rahadalon IV, Luna 3 - Confirmó Artorius.

La operación salió sin incidente ninguno (bueno, salvo porque puse mis armas apuntando a la nave de Revy para darle un susto, pero lo hice porque sabía que no había peligro ninguno) y la Machariel saltó.

- Clon, informa - Escuché a Aryx, otro compañero de flota.

- Gente, venid a la de YA - Respondió mi hermano de batalla - Este tío está salvajeando unos restos de piratas que ha destruido en una anomalía y tan tranquilo. Tengo una visual perfecta.

- Voy - Dijo Aryx

- Voy - Confirmé yo.

- Voy - Escuché a Krilock.

- Voy - Dijo Fitxa.

- Voy - Se animó Quefeo

- Voy - Exclamó Mad

- Voy - Dijo Serghiyo

- Voy - Se apresuró a decir Revy - ¡Esperadme que me subo a mi Interceptor!

- ¡Hey! - Se escuchó la autoritaria voz de Artorius tras aquella cacofonía - ¡Que aún no hemos terminado!

- Luego Jefe, luego - Tachó Clon a su superior - Escuchad, entrad por Soosat pero esperad en la puerta que conecta con Ibash.

Aquello la verdad es que me sorprendió, era la primera vez que Clon se imponía a Artorius de aquella manera, seguramente le esperaría algún tipo de bronca a la vuelta por desobedecer órdenes directas.

Cuando llegué al punto de reunión (con Clon metiéndonos prisa por todo el camino) me encontré con mis compañeros junto a la puerta y por las comunicaciones Clon urdió un plan a toda velocidad.

- Revy, como vas en Malediction entrarás tú primero cuando yo te diga y saltarás a mi posición. Voy a colocarme a 10 kilómetros de esa patata espacial, saltas y le pones punto. Luego entráis todos y saltáis sobre Revy, pero rápido porque sólo somos un ceptor y un bombardero contra un acorazado, como tardéis un segundo de más nos fríe a ella y a mí.

- Roger - Dijimos al unísono.

Y esperamos.

La emoción del silencio antes de la tormenta en New Eden es algo difícil de expresar con palabras. Los tiempos entre los tic tacs del reloj se hacen eternos, como si se dilatase por el calor de la adrenalina amontonándose en tu cuerpo, lista para fluir.

Al escuchar la primera señal de Clon pudimos ver la pequeña nave de Revy desaparecer. Los linces de Waltreipers Shadow empezaron a sentir el olor de la presa, luchando por controlarse y no saltar a la mínima oportunidad.

- ¡Ya! ¡Entrad! - Ordenó Clon.

Entramos por la puerta estelar, que nos arrojó a cientos de años luz de distancia en apenas un segundo, alineamos en dirección a Revy y saltamos.


Y es entonces cuando toda la adrenalina acumulada empieza a fluir como loca por tu cuerpo. Recibo  confirmación por parte de la tripulación de que los sistemas de combate están activados y sé que muchos de ellos se encuentran aguantando la respiración y rezando por que salgamos victoriosos. Trescientas sesenta y tres almas aguardando a que mi pilotaje sea perfecto. Pero los linces rabiosos de Walt no les prestan atención, corremos hacia nuestra nueva presa con los ojos inyectados en sangre y deseosos de morder aquella carne de metal.

Cuando empezamos a escuchar a nuestro interceptor quejarse por el comunicador salimos del warp. Nuestro enemigo, aquella bestia de más de cien millones de kilos, intentaba escapar de Revy, que lo orbitaba a toda velocidad, arrojándole sus drones de combate.


- ¡¡Orbitadlo y destruidlo muchachos!! - Se escuchó decir a Aryx desde su Loki, intentando organizar el fuego - Revy, no lo sueltes, yo me encargo de esos drones. ¡¡Y cuidado con los pecios!!

La zona, una base militar de los piratas de la Nación Sansha, había sido reducida a escombros y cientos de restos de acorazados y cruceros rodeaban la zona de combate. Su aviso llegó justo a tiempo para que esquivase un pecio de lo parecía haber sido una Nightmare.

Cuando nuestras armas empezaron a disparar, aquél piloto (una tal Hukimo) nos empezó a suplicar clemencia, pero era tarde. Había caído bajo las garras de los Linces, en aquella región teníamos una reputación, e íbamos a mantenerla.

Las Hurricane de Fitxa y Serghinyo empezaron a escupir proyectiles sólidos contra el casco de aquel amasijo metálico al tiempo que Harbinger de Quefeo y Mad activaron sus cañones láser, haciendo blanco en los escudos y colapsándolos casi al instante.

Pude ver como todas los indicadores de estado de mi escáner que estaban fijos en la Dominix se volvían rojos al tiempo que los misiles de la Tengu de Krilock y de mi Drake hacían impacto sobre ella.

Aquel gran acorazado no tuvo oportunidad desde que Clon lo localizó, por algo es tan temido en el sistema de Sosala. ¿Su reputación? Todo a lo que rastrea muere tarde o temprano (normalmente temprano). Finalmente, cuando sus sistemas no pudieron más, estalló en mil pedazos en una bola de fuego generado por el último disparo de Aryx.



Saqueamos el pecio, y volvimos a casa contando los Iskas que habíamos ganado entre risas. No era gran cosa, apenas un millón para cada uno pero ese nunca había sido nuestro objetivo real. Nuestro verdadero premio era la caza y la notoriedad que ello causaba.

Nos reunimos en la estación de Rahadalon y entre risas fuimos a celebrarlo como siempre a la cantina, donde nos conocían y donde solíamos gastar buena parte de nuestro sueldo en bebidas, comida y cálida compañía. Los nueve Capsulers nos encontramos a la salida de nuestros respectivos hangares, comentando la anterior jugada.

- ¡Eres un hacha Revy, qué cojones le echas! - Exclamó nuestra compañera Aryx a la piloto  Revy y dándole un abrazo.

- ¡Hey! ¡No lo habría logrado si no fuese por el petardo de Clon! - Respondió ella librándose del abrazo y empujando amigablemente a su compañero cazador.

- Tengo el análisis de daños - Comentó Aryx mostrando su monitor - ¡Krilock, eres un bestia!

- Ya sabes, “supertengu” - Inquirió el muchacho - Pero tú te llevaste el último impacto, cacho perra.

El camino lo hicimos entre risas que cesaron cuando vimos a Artorius esperando por nosotros, su rostro serio y de ceño fruncido no pronosticaba nada bueno. Los siete hombres y las dos mujeres quedaron congelados en el dintel de la puerta automática. No hacía mucho que su comandante de corp había dado los nombres de los que habían aprobado con honores y se diplomaban en la academia de guerra de Lynx pero el evento no se había celebrado aún. ¿Relegaría a los pilotos a estudiar otro año más como castigo a su desobediencia?

- Bueno, veo que tenéis una historia que contar - Dijo al fin relajando el rostro en una sonrisa.


sábado, 3 de mayo de 2014

Un barco hasta Albión


Bueno, creo que ya va siendo hora de que lo ponga aquí. Sé que soy un desastre y todo eso, pero no podía dejar este rinconcito sin comentar el “pasito” que voy a dar en menos de un mes (sobre todo teniendo en cuenta lo abandonado que suelo tener el blog xD). Llevo días queriendo escribir esto pero la verdad es que hasta ahora que me he puesto “The Cranberries” no ha habido manera.

Me marcho; emigro; parto hacia la aventura. La verdad es que podría decirlo de mil formas diferentes, pero la verdad es la misma: Me voy de España.

La razón os la imagináis: Escasas opciones profesionales; dificultades para encontrar nuevas metas; Desempleo; Paro…

Bueno, y os mentiría si os dijese que una parte de mí siempre quiso marcharse al extranjero. Desde hace incontables años en mi pecho hay una fuerza que me empuja a irme lejos, a conocer otros lugares, a pisar todas las piedras del mundo.


¿Y cómo surgió esta historia? Bueno, alguien diría que “por casualidad”, aunque yo nunca he creído en tal cosas. “No existen los accidentes, todo ocurre por un motivo”, llámalo destino, voluntad de los dioses, la fuerza o como quieras. Todo comenzó en Enero

Imaginaos la situación: Después de haber hecho el curso de enseñanza de ELE (Español como Lengua Extranjera) me pasé meses buscando a donde irme pero en todos los lugares (Canadá, EEUU, Suiza, Irlanda, Escocia…) me pedían “Filología Hispánica” y tres años de experiencia… Ñe… En Enero ya había tirado la toalla con la idea y empecé a buscar academia de preparación de Oposiciones (para mi persona, la PEOR opción porque suponía  estudiar durante otro año y medio y anclarme en algún lugar).


Esa misma tarde, saliendo de la última academia que miré me llamó Luis. “¿Nos damos una vuelta?”. Tal y como andaba de ánimo realmente lo necesitaba.

Imaginaos mi sorpresa cuando, al encontrarnos en una de las callejuelas del centro de Cádiz, tras cruzar UNA esquina me encontré con Gema.

¿Quién es Gema? Bueno… La historia es larga, pero por ahora digamos simplemente que era una chica con la que no había quedado en muy buenos términos y se había ido a UK (Inglaterra para los de la LOGSE xD) con el novio.

Nos paramos a hablar y empezamos charla que te charla


Aquello se transformó en un “vamos a echar una cervecilla” y entonces empezó a contarme historias de Inglaterra.

Y mientras estábamos en el O´Conel me viene y me dice “Oye, creo que te debo una disculpa”

Hicimos las paces, lo cual siempre se agradece, pero las anécdotas siguieron fluyendo (obviaré las que hacían referencia a mi ex, que fueron muchas), la mayoría de lo bien que se lo pasaba allí y que se acordaba mucho de mí, porque siempre que buscaba curro veía un “se busca profesor”.

“Oye, vente a Blackpool cuando quieras” - Me dijo.

En el momento desterré ese pensamiento a algún rincón de mi cabeza, pero él siguió creciendo y montando las piezas…

Al llegar a casa me encontré con el marrón de que necesitaba consultar si podía ir a UK y si había alguna forma de homologar mi título (spoiler alert: sí lo había ;D )

Felizmente me dieron luz verde en casa, por lo que decidí consultarlo con mis dos mejores amigos. Ambos me dijeron que era lo mejor que podía hacer y que “le echase huevos”.

Desde entonces he estado de papeleo, confirmando con la parejita que allí me espera y homologando títulos.

Y ya tengo ya tengo fecha: 24 de Mayo

La verdad es que ahora mismo experimento sentimientos encontrados. Estoy nervioso, pero no en el mal sentido, quedan apenas 20 días para irme y una gran parte de mí desea que pasen raudos y veloces. Pero no puedo negar que sé que voy a echar de menos a ciertas personitas, para ser franco no muchas, pero los rostros más importantes de mi vida quedarán aquí.


- Los tranquilos paseos juntos por la orilla del mar con el sonido de las olas como nuestro acompañante.

- Nuestras charlas eternas en tu coche mientras poníamos rumbo a Zahara y rajábamos de lo estúpida que es la gente.

- Esas tardes en las que poníamos a prueba nuestra astucia y suerte el uno contra el otro.

- Esas mañanas tomando un ardiente café mientras nos contábamos anécdotas de nuestros respectivas especialidades.

- Esas noches deslizándonos juntos a través del paseo marítimo esquivando peatones y viandantes.

- Esa lucha diaria por hacernos entendernos el uno al otro e intentar llevar todo hacia delante.

- Esos días de películas horribles y absurdas.

- Compartir artimañas de director de juego y cuenta-cuentos contigo.

- Aquellas ideas raras para las partidas de rol, algunas de ellas no tan descabelladas.

- Los “Y si…” del mundo de los cómics.

- Todas esas comidas y cervezas entre risas.

- Las discusiones sin fin sobre ciencia ficción.

- Las partidas de rol, a veces interminables y otras demasiado fugaces.

- Nuestras charlas sobre mujeres.

- Los atardeceres en Zahara sobre la hamaca, con una pinta de cerveza y tú como única y perfecta compañía.

- Y por supuesto, los abrazos… rápidos, largos o de cualquier color.


Tantas cosas que hacer y tan poco tiempo… Terminar la campaña de Rol; Comprarme un portátil; Hacer una lista con las cosas que quiero llevar; despedirme del personal…

¡¡Qué poco me gustan las despedidas largas!! xD

24 de Mayo, ya queda menos.


lunes, 28 de abril de 2014

Una historia hecha pedazos - La sangre tras la tormenta.

Era una noche como podría haber sido otra cualquiera, clara y tranquila, aunque el viento soplaba como si quisiese arrastrar todo lo que no estuviese firmemente anclado en el suelo. En lo alto de la colina se situaba una sólida villa desde la que se dominaba toda la campiña, pero curiosamente y a pesar de las altas horas de la noche aún se apreciaba luz dentro de ella.



- ¡Ya voy! ¡Ya voy! - Exclamó nuestro protagonista - ¡Sasha, no te pongas pesada!


Dentro de aquel hogar se encontraba O’Beoir dando de comer a sus grandes mastines, Sasha y Robin, mientras que esperaba a que su estofado terminase de cocinarse. Los dos perros comenzaron a devorar su comida con avidez.


Una vez los perros se hubiesen tranquilizado, nuestro buen doctor se sentó en un sillón junto a su chimenea con la única compañía de sus animales, su delicioso estofado, una cerveza helada, su fiel pipa que olía a manzanas y uno de sus libros favoritos. Vestía ropas cómodas aunque abrigadas a causa del invierno pero a pesar de ello se cubrió con una pesada manta.


Aquello era paz. Un respiro de este mundo que tan loco le parecía a veces. No necesitaba más.


Pero los dioses tenían otros planes para aquella noche.


El relinchar de los caballos sacó a aquel hombre pelirrojo y fornido de su querida lectura ¿Quién sería a estas horas?


Se levantó malhumorado, dejó a un lado su cena y su lectura y se dirigió hacía la puerta que conducía al exterior del lugar, no sin antes tomar su ballesta. No habría sido la primera vez que le entraban a robar en su villa.


Una vez fuera dirigió una mirada al camino que subía por la colina. Dos largas filas de árboles escoltaban aquel sendero pero allí a lo lejos distinguió a un jinete. Aquel hombre galopaba con brío y espoleaba a su montura a ir más deprisa, lo que asustaba a los animales que se encontraban en las caballerizas que rodeaban aquella casa.


- ¿Qué sucede? - Dijo la voz soñolienta de Prod a las espaldas de O’Beoir. El joven soldado había ido a la casa del buen doctor para estudiar y llevaba ya un rato dormido. Había salido con una manta sobre sus hombros, una lámpara de aceite en la diestra y una espada ancha en la siniestra.


La media luna iluminaba la campiña con un suave tono plateado y entre las sombras de los cipreses el médico creyó distinguir al enorme jinete. Cada vez se acercaba más, apremiando a su animal. Aquello debía ser urgente.


Un sonido que surgió de su derecha asustó a O’Beoir. Cuando se giró vio la silueta de un ave posada sobre el tejado de una de las cuadras. Se trataba solo de un simple pájaro negro como aquella noche estrellada, pero que se encontrase justo entre la Luna y él lo hizo estremecer, como si de un mal augurio se tratase.


- Es Kodran - Las palabras surgieron de entre los labios del doctor, que los había liberado de su fiel pipa, pero con cuidado, como si aquellas palabras pudiesen traer a la mala suerte.


El gigante vikingo montado en su enorme caballo de guerra finalmente los alcanzó, estaba ataviado con su armadura completa, decorada con las pieles de un lobo y dejando la cabeza del animal sobre su hombro derecho, asimismo su montura estaba férreamente protegida por una sólida barda. Aquello no podía ser una simple visita de cortesía. Cargaba con un gran bulto de una forma que no pudo distinguir hasta que este hubo desmontado.


- Kodran, qué… - Empezó a decir el doctor, pero el hombre al que se refería lo cortó en seco.


- ¡Rápido! - Exclamó furioso - ¡Garviel necesita tu ayuda!


Justo entonces O’Beoir entendió lo que veían sus ojos. Aquel bulto con el que el gran bárbaro cargaba era su amigo Garviel, aún embutido en su armadura de caballero. Decenas de negras saetas sobresalían de aquella coraza plateada que ahora apenas tenía brillo, la sangre que la cubría lo eclipsaba. Su brazo izquierdo colgaba inerte y no se movía más allá que del movimiento de vaivén que producía Kodran al avanzar, parecía que cargase con un…


- ¡¡O’Beoir!! - Gritó el vikingo, sacando al doctor de su shock inicial.


- Prod, llena la palangana de agua y ponla al fuego ¡YA!


Se acercó a su buen amigo para intentar ayudarle a cargar con aquella pesada carga. Pesada, más de lo que ninguno os podéis llegar a imaginar, no solo por el cuerpo que se encontraba dentro de aquella armadura, no por el amasijo de acero en sí, sino por lo que significaba todo aquello, como si la metáfora adquisiera peso y fuera peor que el plomo. Entraron el cuerpo dentro del hogar y lo subieron a la mesa del comedor.


“El cuerpo”.


A O’Beoir le costó aún uno o dos segundos reconocer la coraza de su amigo, aquél caballero de grandes ideales y férreos valores que no temía a nada. “Tengo a la Verdad de mi parte” siempre decía cuando se enfrentaba a algo. Ahora aquella armadura estaba completamente abollada y informe.


- Tráeme esos cuchillos - Dijo el médico haciéndose con el control de la situación.


Miles de procedimientos médicos empezaron a ordenarse en su cabeza al tiempo que empezaba a desmontar aquella protección que de poco servía ya mas que para molestar, pero cuando le retiró el yelmo todos aquellos procedimientos hicieron desbandada.


Los verdes ojos del caballero estaban totalmente abiertos en su rostro ceniciento, su boca cerrada y el pelo despeinado. La piel estaba fría al tacto y no respondía ante ningún estímulo. Le buscó el pulso en el cuello pero fue en vano y casi no podía sentir su aliento al respirar. La mirada como de muerto de su amigo fue quizás demasiado para el buen doctor al que casi le entró el pánico. Empezó a cortar correas de la armadura a mayor velocidad. Entonces apareció Prod con la palangana de agua caliente.


- Esta… mue… - Intentó decir, pero O’Beoir lo cortó


- ¡Ni lo digas! ¿Qué ha pasado, Kodran? - Quiso saber - ¿De dónde venís?


- De un puto bosque al sur de aquí - Empezó a relatar, nervioso y furioso - ¡¡Os juro que lo mataré!!


- ¿A quién? - Preguntó el otro soldado


- ¡¡A Malerik!! Ese bastardo hijo de puta…


Aquél vikingo estaba tan fuera de sí que le dió una patada a un taburete mientras maldecía y este se partió en mil pedazos. El doctor le echó un vistazo rápido, estaba cubierto de sangre desde el pecho hasta el abdomen pero sus armas, dos férreos martillos de guerra, estaban límpidas en su cinturón. Si había habido una lucha, Kodran se la había perdido. No pudo evitar fijarse en el camino sangriento que había desde la puerta de su casa hasta la mesa, aquel cuerpo manaba sangre en abundancia, se estaba quedando sin tiempo.



- Fuimos Nairam y yo a avisad a Garviel de que no nos parecía normal que ese traidor hijo de un chacal hubiese entregado aquella misiva directamente. Cuando llegamos allí…


- Espera - Quiso saber Prod - ¿Nairam? ¿Fuiste con Nairam? ¿Dónde está ella?


- Se quedó atrás - Dijo con dolor tras una pausa.


- ¿¡Qué!? - Le gritó Prod.


La sangre siguió manando de aquella armadura. O’Beoir no era capaz de retirar el peto, estaba literal  y profundamente clavado al cuerpo de su amigo y tenía miedo de que si lo arrancaba por la fuerza poco quedase de este para salvar. Debía concentrarse, tenía unas tenazas de corte por algún sitio pero ¿dónde? Todo eran obstáculos y se estaba quedando sin tiempo.


Se secó la frente perlada por el sudor cuando encontró la herramienta que tanto necesitaba. Aún había una oportunidad de salvar al caballero. Los dos soldados seguían gritándose el uno al otro pero los obvió, no era hora de lamentos. Agarró una de las saetas con fuerza pero rápidamente la soltó a causa de un abundante chorro de sangre que lo asustó. “Demasiada sangre” pensó.


“Aguanta un poco” susurró con voz queda.


Metódicamente empezó a cortar una por una las saetas de madera, enumerándolas. El cuerpo inerte se balanceó suavemente como si de un maniquí se tratase.


1...2...3...4...5...6...7...


… Pero al intentar cortar la octava sus tenazas se quebraron. Sin habla apartó la herramienta y examinó minuciosamente el último proyectil.


Alabastro.


Empezó a buscar otro juego de herramientas, vagamente consciente de que agradecía siempre tener dos de cada en su casa.


Alabastro… “Pálidas asesinas” las llamaban entre los médicos, tallados con runas de los antiguos nigromantes, se decía que si inscribías con sangre de cuervo el nombre de tu futura víctima entre sus runas, esta no erraría el blanco y se incrustaría en lo más profundo de su corazón...


“... y esta saeta estaba clavada justo donde debía estar el corazón…” Se dijo para sus adentros. Tomó las nuevas tenazas y reanudó su duro trabajo.


Los gritos de sus otros amigos se trasladaron al exterior, dejándole hacer su trabajo. El silencio casi se apoderó de la habitación, dejándolo solo con el sonido del acero partirse frente a las tenazas, y de la pesada sangre de su estimado amigo chorrear duramente contra el suelo.

“Aguanta un poco”




jueves, 3 de abril de 2014

Nada que decir esta noche

Tomaos tres minutos de respiro y escuchad esto.

https://www.youtube.com/watch?v=albc0nwppb8&list=RDJoJ9PU3Q9ws